Entre mi juventud y el espíritu de renovación que imperaba por todas partes, parecía que iniciábamos un camino que nos iba a conducir a algo parecido al paraíso donde todo sería justo, honesto, responsable y libre.Esta utopía hizo que, al igual que muchos otros, hiciese mis pinitos en eso que entonces llamábamos POLITICA con mayúsculas y que en realidad se resumía en algunas reuniones, para hablar de los grandes objetivos que nos marcábamos, asistencia a mítines de aquellos que nos iban a guiar por el sendero correcto y, sobre todo, a trabajar ya fuese pegando carteles, colgando pancartas o repartiendo propaganda.No me arrepiento en absoluto de aquello, sobre todo porque compartí grandes momentos con personas tan inexpertas como yo pero con la misma ilusión.

proponiendo un conjunto de medidas (programa) que serán la solución a los problemas que nos aquejan.Y yo voto, como el 60/70% de la gente, y me alegro de que aquel en quien he depositado mi confianza haya sido el más votado.

Espero que no me vuelva a hablar de mi responsabilidad como ciudadano ante unas elecciones, espero que no me vuelva a engañar con promesas vacías pidiéndome que le renueve mi confianza.No necesito todo eso (se puede ahorrar ese gasto y, de paso, la tentación de usar el dinero de todos para pagarlo), necesito que me demuestre su seriedad, su rigor, su compromiso cada día.

Que cada día pueda sentirme tranquilo pensando que no le tiembla la mano a la hora de tomar decisiones, que es un líder y actúa como tal siendo responsable de los compromisos que ha adquirido.Pero sobre todo espero que no aparezca alguien que, aprovechando tanta incompetencia, tanta desfachatez, tanta falta de honestidad, pueda convencernos de que el modelo de sociedad que estamos construyendo es pernicioso y nos lleve por caminos aún más desastrosos.

Source:

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20091105/53819205340.html