De la lectura de esas críticas podemos hacernos cargo de los grandes problemas que tiene la Iglesia Católica en la España actual, especialmente su división interna; además, el cristianismo hegemónico, desde el punto de vista intelectual, que sigue "promocionando" esa división o "cristianismo a la carta", como le ha llamado Fernando Sebastián, tiene en mi opinión su origen en el Bergamín de Cruz y Raya.

En las posiciones de Ortega, por lo menos hasta que vio el desastre de la quema de conventos en el 31, no sólo se trataba de una defensa del Estado aconfesional, sino de la imposición de un Estado laicista que terminaría por proclamar la "religión de la razón".

El laicismo de la época de Ortega, como el de la nuestra, quería cauterizar el estro básico que movía la vida del ciudadano cristiano: la defensa pública de su fe, que era, precisamente, el mayor activo que pensó Herrera para la renovación moral y material de España.

Pese a la modernidad de la doctrina, Herrera fue repudiado, por igual, por los integristas de la Iglesia Católica y por las izquierdas anticlericales El proyecto, o mejor, el designio de Herrera es equiparable, salvando las distancias intelectuales, al de Ortega.

Source: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/288844.asp